Algunos de los frutos de la “Oración de Jesús”

 

Otros frutos de la oración con la mente son: la concentración de los pensamientos, la devoción, la humildad, el ensimismamiento, la sencillez, el temor de Dios, el recuerdo de la muerte, la paz del corazón, la orientación al corazón y el calor espiritual.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

¿Cuáles son los frutos de la “Oración de Jesús”?

El primer fruto de la “Oración de Jesús” es el alejamiento de la mente de las cosas bellas del mundo, como dice San Diadoco: “Aquel que entra para siempre en su propio corazón, se aparta de todo lo que le atrae de esta vida” (Filocalia, vol I). El segundo fruto de la “Oración de Jesús” es la capacidad de ver la miseria del alma que se ha manchado con los sentidos y los malos pensamientos. Con esto, el hombre alcanza la humildad, el llanto y los suspiros de contrición, según lo que nos dice San Gregorio Palamás. El tercero de los frutos consiste en que, retornando la mente al corazón, tanto la primera como el segundo se convierten en un espejo puro, en el cual el individuo aprende a reconocer los movimientos de sus pensamientos, invocando el auxilio de Jesús (Filocalia, vol. IX). El cuarto fruto de la “Oración del corazón” es la purificación del ser, así como la obra de la misma purificación, que es un don divino del Espíritu Santo. El quinto fruto de la “Oración del corazón” es que, entrando la mente en el corazón, para hablar con el Verbo que mora en su interior, no queda sin alegría y gozo espiritual, como nos lo enseñan José Vrinie y Nicetas el Monje, gran asceta. El siguiente fruto de esta oración es el de conocer el don de Dios, oculto en el corazón. El séptimo fruto de la “Oración de Jesús” consiste en que, invocando constantemente el Nombre de Jesús, empieza a brotar en el alma el amor por Cristo. Otros frutos de la oración con la mente son: la concentración de los pensamientos, la devoción, la humildad, el ensimismamiento, la sencillez, el temor de Dios, el recuerdo de la muerte, la paz del corazón, la orientación al corazón y el calor espiritual.

(Traducido de: Arhimandrit Cleopa Ilie, Arhimandrit Ioanichie Bălan, Lumina și faptele credinței, Editura Doxologia, p. 71)