Palabras de espiritualidad

Aprende a orar con tus propias palabras

    • Foto: Oana Nechifor

      Foto: Oana Nechifor

Háblale a Dios de todas tus necesidades, interiores y exteriores, expresándote como si fueras un niño: “¡Mira, Señor, mi enfermedad y mi debilidad! ¡Ayúdame y sáname!”

¿Qué se puede hacer cuando los pensamientos se dispersan al leer o al orar? Nadie escapa de ello. No se trata de un pecado, pero es algo incorrecto. Es pecado sólo si uno alienta esa situación, pero si tu mente huye, involuntariamente, ¿cómo podría tratarse de un pecado? El error surge cuando vemos que nuestros pensamientos huyen, pero no nos apresuramos en controlarlos. Cuando observes que tus pensamientos se dispersan, deténlos. Esto es lo que debes hacer.

Para amainar ese temporal de pensamientos al orar, es necesario esforzarse en orar con el corazón encendido. Y para esto deberás “calentar” tu alma, antes de empezar a orar, con meditación profunda y postraciones. Aprende a orar con tus propias palabras. Por ejemplo, la esencia de las oraciones de la noche consiste en agradecerle a Dios por el día que termina y por todo lo recibido, bueno y malo. Debemos también arrepentirnos y pedir perdón por el mal cometido, prometiendo reparar los daños al día siguiente. Luego le pedimos a Dios que nos proteja mientras dormimos. Todo esto debes hablarlo con Dios, del modo en que sientas decírselo, con tu corazón y con tu mente,

Por otra parte, la esencia de la oración de la mañana consiste en agradecerle a Dios por el descanso del que hemos gozado, por habernos despertado, además de pedirle que nos ayude, durante todo el día, a obrar en y para Su gloria. Insisto, háblale con tu corazón y con tu mente, al orar en la mañana y en la noche. Háblale a Dios de todas tus necesidades, interiores y exteriores, expresándote como si fueras un niño: “¡Mira, Señor, mi enfermedad y mi debilidad! ¡Ayúdame y sáname!”. Todo esto se lo puedes decir con tus propias palabras, sin tan siquiera abrir el libro de oraciones. Talvez así sea mejor. Inténtalo y si funciona, puedes renunciar completamente al libro de oraciones. Sin embargo, si no funciona, entonces deberás retomarlo; de lo contrario, te quedarás sin orar de ninguna manera (...)

No leas nunca tus oraciones a toda prisa. Algo más: intenta aprender, de memoria, las oraciones que puedas. Esto te ayudará mucho para poder pronunciarlas sin apenas distraerte. Aprende a pensar en Dios no sólo al orar, sino en todo momento, porque Él está en todas partes. Verás cómo tu corazón se llena de paz, dándote fuerzas para enfrentar los problemas de cada día y la disposición de todas las cosas.

(Traducido de: Sf. Teofan Zăvorâtul, Viața duhovnicească, cum o putem dobândi, p.149-150)