¡Borra, Señor, todos mis recuerdos, menos uno!

 

Señor. Tú no quieres que el futuro sea un pasado repetido.

¡Borra, Señor, todos mis recuerdos, menos uno! Porque los recuerdos me hacen envejecer y me debilitan. Los recuerdos destruyen el día de hoy. Ellos oprimen el día de hoy con el pasado, haciendo que desfallezca mi esperanza en el futuro, porque todos me susurran al oído: “Será solamente lo que ya fue”.

Pero yo no quiero que sea solamente lo que ya fue. Yo no lo deseo, tampoco Tú lo deseas, Señor. Tú no quieres que el futuro sea un pasado repetido. El sol dejaría de tener valor, si siguiera solamente la repetición de las cosas.

Las sendas ya trazadas confunden al viajero. La tierra siempre ha venido a cubrir la misma tierra. Los caminos terrenales se han vuelto aburridos, porque han sido surcados una y otra vez, generación tras generación, desde siempre. ¡Bórrame, Señor, todos los recuerdos, menos uno!

Un solo recuerdo. Te pido que no lo borres, sino que lo fortalezcas en mí. No lo borres, más bien fortalece en mi conciencia el recuerdo de la gloria que tuve cuando estaba completamente contigo y en Ti, antes de los tiempos y de las ilusiones pasajeras.

Cuando también yo era una trinidad armoniosa en santa unidad, justo como Tú existes desde la eternidad. Cuando mi alma estaba, igualmente, en armonía y amistad con la conciencia y con la vida. Cuando mi alma era, igualmente, un vientre casto, cuando mi conciencia era sabiduría en la pureza, y mi vida era fuerza y santidad espiritual. Cuando también yo era luz y cuando no existía oscuridad en mí. Cuando también yo era éxtasis y paz, y cuando no existían los tormentos del desequilibrio en mí. Cuando también yo te conocía, precisamente como Tú me conoces a mí; cuando no tenía ninguna relación con la oscuridad. Cuando tampoco yo tenía límites, ni vecinos, ni muros divisorios entre “yo” y “Tú”. ¡No me borres ese recuerdo, Padre mío, sino que házmelo más lúcido!

No me lo borres, aunque me revele el abismo que acompaña mi andar entre la humildad y la nimiedad. Aunque me aleje de mis amigos y de los placeres, destruyendo todas las barreras entre Ayer, Hoy y Mañana. Aunque me saque de mí mismo y me haga parecer un necio ante los ojos de mis camaradas de viaje. En verdad, ninguna camaradería me agrada, solamente la Tuya, así como tampoco hay recuerdo que me regocije, sino solamente el Tuyo. ¡Oh, Piadosísimo Padre mío, borra todos mis recuerdos, menos uno...!

(Traducido de: Sfântul Ierarh Nicolae Velimirovici, Noul Hrisostom, Episcop de Ohrida şi Jicea, Rugăciuni pe malul lacului, traducere din limba engleză de Paul Bălan, Editura Anestis, 2006, pp. 64-65