Dime, hermano, ¿cómo está tu oración?

 

La abuela no se sabía sino dos o tres oraciones, además del Padre nuestro... ¿Cuántas oraciones conoces tú?

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Comencemos con la oración. La teoría se queda en un segundo plano. No te pregunto cuántos libros hs leído y tampoco te diré cuántos he leído yo. Solamente, te pregunto: “¿Cuánto oras, hermano?”. Y sólo con esto podré decirte por qué tienes o no tienes paz. Debemos volver a la oración de nuestros padres. ¿Acaso no tuvimos una mamá o una abuela en casa? Cuando aprendamos a orar como lo hacían nuestras abuelas, la situación de nuestro país cambiará. ¿No lo recordamos? ¿Hay quién no lo sepa? La abuela se cubría la cabeza, se arrodillaba y empezaba a orar, llorando y secándose las lágrimas con las puntas del pañuuelo o del chal. No se sabía sino dos o tres oraciones, además del Padre nuestro... ¿Cuántas oraciones conoces tú? Cierta vez, el padre Demetrio Bejan y el padre Cleopa vieron a una anciana campesina, con babuchas en los pies, que oraba con un fervor tan fuerte, que una llama grande se formaba sobre su cabeza. A ese nivel de oración debemos llegar nosotros. O tenemos fuego, o no tenemos nada. Entonces no necesitaremos pedirle a los legisladores que nos den nada. Acudamos al Dios de la luz y al fuego de la oración.

(Traducido de: Mi-e dor de Cer, Viața părintelui Ioanichie Bălan, Editura Mănăstirea Sihăstria, 2010, p. 517)