El ángel que cuenta cada uno de nuestros pasos

 

Entonces sintió que había alguien detrás suyo, siguiéndole. Se detuvo y esperó a que le alcanzara el desconocido. “¿Quién eres?”, le preguntó...

Un anciano monje vivía en lo solitario, y el manantial más próximo, en el cual se proveía de agua, quedaba a unos doce kilómetros de distancia desde su celda. Así, cada día le tocaba recorrer aquel largo camino. Un día, cuando se dirigía al manantial, sintió que se llenaba de pesadumbre: “¿Para qué necesito cansarme tanto, día sí y día también? Mejor construiré mi celda junto al riachuelo, para dejar de padecer tanto”. Ni bien había terminado de pensar esto, cuando sintió que había alguien detrás suyo, siguiéndole. Se detuvo y esperó a que le alcanzara el desconocido. “¿Quién eres?”, le preguntó. El otro respondió: “Soy un ángel del Señor y fui enviado a enumerar tus pasos. Y, mientras más sean tus pasos, más grande será la recompensa que el Señor te dará”. Escuchando esto, el anciano decidió mudar su celda a un sitio aún más lejano del manantial, para obtener una recompensa mayor.

(Traducido de: Adrian Alui Gheorghe, Părintele Iustin Pârvu: o misiune creștină și românească, Editura Doxologia, Iași, 2013, pp. 219-220)

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