El asceta conoce lo profundo de los misterios de Dios

 

El hesicasta es ese que se aleja de todos, no porque los deteste, sino porque no desea perderse las dulzuras del Señor.

El asceta es la imagen del ángel en este mundo, quien, con el pergamino de su anhelo y las letras de su perseverancia, ha purificado su oración de toda dejadez y apatía. El asceta es aquel que clama con fuerza: “Mi corazón está listo, Señor” (Salmos 56, 10). Es aquel que dice: “Yo duermo, mas mi corazón vela” (Cantar de los Cantares 5,2)

Quien ha alcanzado la hesiquia (sosiego) conoce lo profundo de los misterios. Pero no es posible llegar a ese punto sin antes haber visto y oído el ruido de las olas —que talvez le hayan salpicado también— y el soplido del viento (es decir, el de las pasiones). El oído que se mantiene en serenidad es capaz de escuchar sólo cosas maravillosas por parte de Dios.

El hesicasta es ese que se aleja de todos, no porque los deteste, sino porque no desea perderse las dulzuras del Señor.

(Traducido de: Ioan Scărarul, Scara Raiului, Editura Amarcord Timișoara - 2000, p.474-475)

 

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