El ícono es el dogma transpuesto con el auxilio de los colores

 

El ícono es el dogma transpuesto con el auxilio de los colores. Cuando el pintor logra hacer esto, es célebre... pero célebre en su profunda humildad.

Cuando se trata de la pintura (de íconos), el talento no es suficiente. Un pintor es célebre cuando logra transponer el dogma con la ayuda de los colores. Luego, el ícono es el dogma transpuesto con el auxilio de los colores. Cuando el pintor logra hacer esto, es célebre... pero célebre en su profunda humildad. Cuando conoce la vida del santo al que ha retratado, y ha orado, por medio suyo, a Dios, para que le dé las fuerzas necesarias para pintarlo, (el iconógrafo) ni siquiera se atreve a poner su nombre en el reverso del ícono. Simplemente, no se atreve. Porque él no es nada, sólo su propia voluntad, misma que ha dedicado a Dios. Así debe ser un pintor de íconos.

Lo que hace el sacerdote en el altar, lo hace el iconógrafo ante el lienzo”

En la hermenéutica de la pintura bizantina se nos hace constar que antiguamente existía un oficio litúrgico específico: la consagración de los íconos. Porque, de hecho, el pintor, incluso el laico, es como un sacerdote. Lo que hace el sacerdote en el altar, lo hace el iconógrafo ante el lienzo. Si en la Divina Liturgia el sacerdote santifica, lo mismo santifica el pintor, transfigurando un trozo de pared, un lienzo, o un pedazo de madera. Lo que hizo Dios, creando el mundo, lo hace el pintor, pintando.

En verdad, son pocos los talleres donde se pinta como es debido, porque no hay suficientes guías (para esta tarea). Yo tenía el enorme deseo de abrir un taller, una escuela de pintura, pero para esto es necesario tener talento y el personal suficiente para trabajar en ello. No obstante y si Dios quiere, algún día espero lograr eso que me propuse.

 

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