El maravilloso significado del perdón

 

Sólo Dios puede librar al hombre de ese peso y sanarle esa herida.

El perdón real del pecado, la redención real —en la conciencia— del mal cometido a otros, la sanación verdadera de las heridas dejadas por el mal en nuestro interior, es algo que sólo Dios puede realizar. Él te da la paz de tu conciencia para siempre. Y, con esto, te concede la verdadera libertad.

En el hecho que el hombre también puede perdonar, o que sientes ese perdón como una liberación, como una sanación, se demuestra que Dios obra por medio de aquel que perdona y que éste se hace semejante a Él, o que es verdadera imagen de Dios, teniendo a Dios en su interior.

En el agobiante peso, en la herida sin sanar del remordimiento por el mal hecho a nuestro semejante, se demuestra la eternidad futura del hombre en la infelicidad y el valor eterno, o la existencia eterna de aquel a quien ofendimos.

Sólo Dios puede librar al hombre de ese peso y sanarle esa herida. Y aquel a quien hemos ofendido puede hacerlo también, sólo con el poder de Dios que obra a través suyo, que proviene del amor que hay en su interior y que, aún a pesar de los obstáculos que otros hayan querido poner en su camino, le hace ver la certeza de la vida eterna en Dios. Y esta vida eterna no es posible sino desde la vida de Dios, que no es posible conocer sino perdonando, como lo hace Él.

(Traducido de: Părintele Dumitru Stăniloae, nota 85 la Sfântul Grigorie de Nyssa, Despre Rugăciunea Domnească, în „Părinți și Scriitori Bisericești”, vol. 29, Editura Institutului Biblic și de Misiune al Bisericii Ortodoxe Române, București, 1982, p. 442)