¿En dónde hemos hecho nuestro nido?

 

¿Hemos asentado nuestra alma sobre la firme roca de la fe, lista para enfrentar todas las pruebas y tentaciones? ¿O hemos levantado nuestra casa sobre la arena, exponiéndola a las peores catástrofes?

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Una vez, en una maravillosa mañana de primavera, dos pajarillos buscaban un lugar para hacer sus respectivos nidos. Uno de ellos eligió un sitio muy lindo, entre las ramas de un árbol frondoso. En el aire flotaba el aroma de las frágiles hojas, no muy lejos se oía el susurro de un pequeño río, el sol llenaba todo con sus alegres rayos durante el día y de noche las estrellas titilaban desde lo alto. Repentinamente, cuando el manto de la noche lo cubría todo, se formó una terrible tormenta, haciendo que el apacible riachuelo se convirtiera en un torrente furioso, a tal punto que sus aguas se desbordaron y arrasaron todo lo que había alrededor. Con la corriente, el árbol fue arrancado de raíz, y del nido de aquella pobre avecilla no quedó nada. Lo había construido muy cerca de la tierra, tomando en cuenta solamente los días soleados y las noches serenas, con su cielo estrellado.

El otro pájaro, sin embargo, hizo su nido en un árbol que estaba a la orilla de un desfiladero, en lo alto de un peñasco. Poco después, el nido ya estaba lleno de crías. Desde aquella altura se pudo observar la tormenta azotando con ferocidad el valle, pero incapaz de elevarse hasta el risco en donde vivía la ruidosa familia de avecillas. Así, a la mañana siguiente, cuando el sol volvió a brillar, este otro nido seguía en su lugar, íntegro y libre de todo peligro.

Y nosotros, ¿en dónde hemos hecho nuestro nido? ¿Qué pensamientos y sentimientos hemos puesto como cimiento? ¿Hemos asentado nuestra alma sobre la firme roca de la fe, lista para enfrentar todas las pruebas y tentaciones? ¿O hemos levantado nuestra casa sobre la arena, exponiéndola a las peores catástrofes? “Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo” (I Corintios 3,11).

(Traducido de: Fiecare zi, un dar al lui Dumnezeu: 366 cuvinte de folos pentru toate zilele anului, Editura Sophia, p. 39)

 

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