¿En qué consiste la renuncia a uno mismo?

 

Partimos de la negación de uno mismo y avanzamos hacia la purificación, que habrá de darnos la fuerza para soportar las tentaciones.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

La renuncia o negación (a uno mismo) es el rechazo a aquellas cosas o ideas que no pertenecen a la necesidad absoluta y a la continuidad de la vida. Es una norma general que, si hay algo que no se halla entre los límites de la necesidad, es que pertenece al simple deseo. De esto nace la pleonexia (gula, avaricia) y la filautía (amor a uno mismo), que preparan el camino al amor por los placeres, que es la madre de la muerte.

Ejemplo de verdadera negación de sí mismo se hizo nuestro Señor después de ser bautizado, cuando se apartó al desierto y, por medio de la fe, se entregó a la redentora Providencia del Creador, que sostiene y mantiene toda la creación. Estas palabras del salmista: “Déjale al Señor tu preocupación y Él te alimentará” (Salmos 54, 25), demuestra el sentido de la renuncia completa. Solamente quientes tienen una fe fuerte pueden alcanzar esta virtud. Los Padres que la pusieron en práctica en su vida gustaron también de su dulce fruto, la pureza.

Este es el fruto de la fe firme en la Providencia Divina, que lleva, de acuerdo a los Santos Padres, a la “fe visible”. Los Padres, experimentando el auxilio divino, que obtuvieron cuando la Gracia de Dios vino a consolarles en medio de las tentaciones que enfrentaban, alcanzaron la fe perfecta en Dios y permanecieron incólumes aún en la tormenta de las tentaciones. Así pues, partimos de la negación de uno mismo y avanzamos hacia la purificación, que habrá de darnos la fuerza para soportar las tentaciones. ¡Que todos podamos alcanzar estas virtudes, con la Gracia de Dios! ¡Así sea!

(Traducido de: Gheronda Iosif Vatopedinul, Dialoguri la Athos, Editura Doxologia, p. 51-52)