¿En qué consiste la verdadera libertad?

 

El Señor quiere que nos amemos los unos a los otros. En esto radica la libertad: en el amor a Dios y a nuestros semejantes. Y en ese amor hay tanto igualdad como libertad.

Muchos no conocen el camino a la salvación, se pierden en la oscuridad y no ven la Luz de la Verdad. Pero Él fue, es y será, y a todos nos llama con compasión:“Venid a Mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, conocedme y yo os daré descanso y libertad”. He aquí la verdadera libertad: estar en Dios.

El Señor quiere que nos amemos los unos a los otros. En esto radica la libertad: en el amor a Dios y a nuestros semejantes. Y en ese amor hay tanto igualdad como libertad. Por el contrario, en los rangos del mundo no es posible que haya igualdad, pero esto no es relevante para el alma. Es imposible que cada uno sea patriarca, hegúmeno o dirigente; pero en cada uno de esos puestos es posible amar a Dios y hacerte agradable a Él, que es lo verdaderamente importante. Y aquel que ame más a Dios en este mundo tendrá mucha más gloria en Su Reino. Quien ame más, podrá alzarse con más fuerza hacia Dios y acercársele. Cada uno será enaltecido en la medida del amor que haya entregado.

El amor de Dios es más fuerte que el amor visible, que atrae a todo el mundo, a excepción de aquellos que han obtenido la Gracia de Dios en su plenitud. Y es que la dulzura del Espíritu Santo renace al hombre entero y le enseña a amar a Dios completamente. Para alcanzar la plenitud del amor divino, el alma debe permanecer intacta ante las cosa del mundo, aunque vivamos rodeados de multitudes. Por amor a Dios, el alma olvida todo lo demás que hay en el mundo. El problema es que, debido al orgullo que hay en nuestra mente, no perseveramos en esa Gracia y por eso termina abandonándonos, dejando a nuestra alma llorando y lamentándose.

(Traducido de: Sfântul Cuvios Siluan AthonitulÎntre iadul deznădejdii şi iadul smereniei, Editura Deisis, Sibiu, 2001, p. 126)