¿En verdad te concentras al orar?

 

Si el hombre ora sin hacer participar su mente y su corazón, en lo profundo de su ser está menospreciando a Dios.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

No hay pecado más grande que orar sin sentir temor de Dios, sin atención y sin devoción. Aquel que ora o lee los salmos, pero sin concentrarse en lo que hace y con insensatez, es evidente que no sabe Quién es Dios. Él, por Su Piedad, quiere salvarle, pero no puede. Hasta me atrevería a decir que es mejor dejar de orar, antes que orar pero sin concentrarnos en ello.

La oración correcta es la que se hace no solamente con la boca, sino también con la mente y el corazón. Quien no ora como debe, de hecho no está orando, y tendrá que rendir cuentas ante Dios por esto. Ciertamente, si el hombre ora sin hacer participar su mente y su corazón, en lo profundo de su ser está menospreciando a Dios. ¿Cómo podríamos recibir Su misericordia, si oramos con palabras vacías, en tanto que nuestra mente se entretiene con los demonios? ¿Cómo no enfadar al Señor, si con una parte le hablamos, mientras nuestra mente divaga en cosas inútiles, banales e incluso vergonzosas? Tal clase de mente no le pertenece a Cristo y nunca se entregará completamente a Él.

(Traducido de: Sfântul Simeon Noul Teolog, Miezul înțelepciunii Părinților, Editura Egumenița, Galați, p. 89)