¡Estemos atentos!

 

Especialmente, leamos lo que dicen los Santos Padres y la Filocalia sobre la atención. ¡Estemos atentos a la presencia de Dios en nosotros, siempre y en todo lugar!

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

La lucidez es la atención más profunda. La atención es una acción de la mente, que utilizamos especialmente de forma involuntaria. Es decir, la dejamos ser estimulada exteriormente, de acuerdo a la fuerza de los acontecimientos. Por eso, se deja cautivar sobre todo por sucesos más “extraordinarios”. Esto explica, además, la ganancia que obtienen aquellos que saben manipular esta ventana del alma. De ahí también nuestra responsabilidad al utilizarla.

¿Qué debemos hacer? Estar atentos a lo que pensamos. No dejemos que otros piensen por nosotros, pensemos por nosotros mismos, intentando transformar cada pensamiento en una oración, poniendo junto a él, antes o después, un “¡Señor!”. Y no nos desanimemos si al comienzo pareciera que acumulamos fracaso tras fracaso.

Luego. ¡observemos con mayor atención los íconos, dejándonos observar también por el Señor o la Madrecita del Señor que aparece en ellos! ¡Estemos atentos a esa mirada desde lo Alto, desde el corazón de Aquel que nos mira!

¡Pronunciemos con atención las palabras de la oración del Nombre del Señor! Acurruquémonos en cada palabra con atención, como si estuviéramos en un sofá. Escuchemos con interés cada palabra de la Divina Liturgia. ¡Y cuidemos de a dónde se dirigen nuestros ojos! Especialmente, leamos lo que dicen los Santos Padres y la Filocalia sobre la atención. ¡Estemos atentos a la presencia de Dios en nosotros, siempre y en todo lugar!

(Traducido de: Monahia Siluana Vlad, Uimiri, rostiri, pecetluiri, Editura Doxologia, p. 91)