Hermano, aférrate a la fe correcta

 

No es gran cosa poner los cimientos, sino terminar la edificación: mientras más se eleva la construcción, mucho más esfuerzo hace el que en ella trabaja, hasta finalizarla por completo.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

«Amado hijo, por la Gracia de Dios eres cristiano. Luego, respeta los mandamientos de nuestro Señor Jesucristo y te salvarás, porque está escrito: “Verdaderamente comprendo que Dios no hace diferencia de personas, sino que en cualquier nación el que le teme y practica la justicia le es grato.”(Hechos 10, 34-35). Por eso, ya que deseas venir a la vida monástica para alcanzar las virtudes más altas, si no empiezas a pensar desde ya que has partido de esta vida y a considerar al mundo y su gloria un bohío quemado, no podrás vencer las pasiones terrenales y los apetitos del mundo, que llevan a los hombres a la muerte y la perdición. Porque no mentía Aquel que dijo: “Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y que me siga. Les digo: el que quiera salvarse a sí mismo se perderá, y el que pierda su vida por causa mía, se salvará. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde o se disminuye a sí mismo?” (Lucas 9, 23-25). Porque no es gran cosa poner los cimientos, sino terminar la edificación: mientras más se eleva la construcción, mucho más esfuerzo hace el que en ella trabaja, hasta finalizarla por completo. Escuchemos aquel llamado redentor que dice: “¿Quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: Este comenzó a edificar y no pudo terminar(Lucas 14, 28-30)».

(Traducido de: Sfântul Efrem Sirul, Cuvinte şi învăţături vol. 2, Editura Bunavestire, Bacău, 2008, p. 93)