La fe y la credulidad

 

Especulando con la ignorancia e ingenuidad de muchos en cuestiones de la vida religiosa, una multitud de “profetas”, “médiums” y “curanderos”, surgidos profusamente en los últimos años, explotan astutamente esa credulidad.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

La fe es una fuerza de enlace que realiza la unión perfecta, directa y sobrenatural del creyente con Dios, en Quien cree. Ella presupone, así, que el hombre se abra, por la fuerza de la Gracia Divina, al diálogo amoroso con Dios. Y el acto de fe implica al hombre entero, con su cuerpo y su alma. La fe no es una simple adhesión intelectual a la doctrina cristiana sobre Dios, sino que es un modo de vida sustentado por la Gracia de Dios. De hecho, es la respuesta agradecida del hombre al llamado amoroso de Dios, Quien le amó primero y se nos reveló a todos. La fe se basa, así, en la aceptación de las promesas de Dios, Quien se nos muestra por medo de Cristo y el cumplimiento de Sus mandamientos en esta vida.

La fe utiliza las fuerzas de la razón, pero le revela al hombre tanto misterios como realidades espirituales y divinas superiores, para ofrecerle un nuevo horizonte en cl conocimiento de Dios y del mundo creado por Él. Por “la fe que obra mediante del amor” (Gálatas 5, 6), el hombre se encuentra con Dios —Quien está más alto que todo—, se une amorosa y cognosciblemente con Él, se convierte en templo santificado de Dios y un núcleo que irradia Su amor hacia todos los demás.

La credulidad, no obstante, como estado de simple aceptación de una doctrina, sin discernimiento y sin reservas, es una actitud anormal y perniciosa, atributo del ocioso en la vida espiritual. Este busca y acepta siempre soluciones simples, cómodas, sin Cruz. El crédulo no utiliza la lucidez y la razón en sus posibilidades naturales, sino que las atrofia de tanto no usarlas, convirtiéndose en un blanco fácil para quienes atentan contra nuestra salvación. Así, especulando con la ignorancia e ingenuidad de muchos en cuestiones de la vida religiosa, una multitud de “profetas”, “médiums” y “curanderos”, surgidos profusamente en los últimos años, unos más exóticos, otros más tradicionalistas, explotan astutamente esa credulidad. Y los débiles e ignorantes que caen en las redes de engaño tejidas por esos impostores, además de sufrir un daño material —muy cuantioso, la mayoría de veces—, a menudo pierden también su propia salud física y espiritual. Y no son pocos los casos de desesperanza, de renuncia a la Ortodoxia y a la salvación, con los cuales el demonio y sus seguidores “enriquecen” su palmarés criminal.

(Traducido de: Ieromonah Adrian Făgețeanu, Ieromonah Mihail Stanciu, De ce caută omul contemporan semne, minuni şi vindecări paranormale?, Editura Sophia, București, 2004)