La oración, una santa virtud

 

Las demás virtudes no unen al hombre con Dios, sino que sólo lo preparan para unirse con Él.

No hay virtud más grande y necesaria que la Santa Oración, porque todas las demás virtudes —el ayuno, la vigilia, dormir en el suelo, la ascesis, la castidad, la caridad, etc. —, aunque son formas de seguir a Dios, y aunque nadie pueda arrebatárnoslas, constituyendo el atuendo inmortal del alma, no unen al hombre con Dios, sino que sólo lo preparan para unirse con Él.

La Santificada Oración, y solamente ella, une. Sólo ella une al hombre con Dios y a Dios con el hombre, haciéndolos un solo espíritu.

(Traducido de: Constantin Cavarnos, Sfântul Nicodim Aghioritul, Editura Doxologia, 2011, p. 98)