La vida del hombre es como una flor en el campo

 

Indudablemente esto será de mucho provecho para nuestra alma, porque espabilaremos y empezaremos a buscar la forma de alcanzar la salvación.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Si vemos que a una florida campiña se acerca un grupo de segadores, que inmediatamente comienzan a cortar y arrancar el pasto y las hermosas flores que hasta ese momento adornaban el lugar con sus colores y lo perfumaban con su aroma... Si ante semejante espectáculo nos acordamos que a todos nos espera la hoz de la muerte, que no se apiada de niños, jóvenes o ancianos, sino que a todos, aún entre dolores e indescriptibles quejidos nos arranca de la vida y nos lleva a la eternidad del tiempo infinito, indudablemente será de mucho provecho para nuestra alma, porque espabilaremos y empezaremos a buscar la forma de alcanzar la salvación.

Tengamos esto en mente, porque el pasto y las flores del campo se parecen, porque hoy florecen, y mañana son arrojados al fuego. Porque una fiebre, una punzada, un enojo o cualquier cosa semejante pueden arrancar al hombre de entre los vivos y hacerlo volver a la tierra, y todo su prestigio y honor —como en un sueño— se quedan atrás, y como el humo que el viento arrastra, empiezan a desvanecerse.

(Traducido de: Părintele Ilie CleopaOpt cuvinte despre minunile lui Dumnezeu din zidiri, Ed. Episcopiei Romanului şi Huşilor, Roman, 1996, pp. 28-29)