Los buenos no saben reñir

 

Un bueno y un malo no podrían reñir, porque el bueno cederá inmediatamente y la discusión morirá en el acto.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Sólo los que son malos discuten entre ellos, porque los buenos no saben reñir. Un bueno y un malo no podrían reñir, porque el bueno cederá inmediatamente y la discusión morirá en el acto. Se cuenta que hubo dos monjes ascetas que vivían cerca el uno del otro, en la soledad del desierto. Se entendían muy bien y solían ayudarse. Sin embargo, cierto día uno de ellos preguntó: “¿Por qué no intentamos discutir como lo hace la gente del mundo?”. Y el otro respondió: “Bien... pero yo no sé cómo reñir”. El primero insistió: “Deja, que yo te enseño”. Y así lo hizo. Dijo: “Ponemos un ladrillo en el suelo y tú me dices 'Este ladrillo es mío'. Entonces yo te respondo: 'No, es mío', y así empezamos a discutir”. Dicho y hecho. El primero dijo: “Este ladrillo es mío”. Pero el otro respondió: “No hay problema. ¡Si es tuyo, recógelo y llévatelo!”. Y no pudieron seguir discutiendo. Desde luego que esta fue, digamos, una “riña artificial”, como una escenificada en el teatro. Pero los que dicuten en verdad no lo hacen actuando, sino que lo hacen como les nace pelearse con los otros.

Recuerdo que, siendo pequeño, oía decir a los grandes que las discusiones aparecen por culpa de la pobreza y los problemas. Y, actualmente, hay muchas personas que vienen y me cuentan que suelen discutir mucho, debido a las carencias que tienen que afrontar. Y yo les respondo siempre: “Bien, pero si discuten, ¿se terminan resolviendo esos problemas?”. Y todos reconocen que no. Luego, la riña no es una forma de apartar el mal, sino una debilidad de quienes caen en semejantes confrontaciones, porque discutiendo no ganarás ni un centavo ni conseguirás ninguna ventaja cuando sobrepases los límites de lo correcto. Así pues, evitemos todo lo que no nos trae nada positivo, sino mucho descontento y negatividad a nuestra vida.

(Traducido de: Părintele Teofil PărăianVeniți de luați bucurie, Editura Teognost)