No de acuerdo a nuestros sacrificios, sino según nuestra humildad

 

¡Cuánto se alegran los ángeles cada vez que un pecador se arrepiente!

Dios juzgará nuestra contrición, no de acuerdo a nuestros sacrificios, sino según nuestra humildad. ¡En ese día, Él nos juzgará, no en función de cuántos salmos hayamos leído, ni por haber orado esporádicamente, sino por no habernos arepentido!

¡Cuánto se alegran los ángeles cada vez que un pecador se arrepiente! Oremos, entonces: “Señor, ten piedad de mí. Señor, dame humildad y mansedumbre”. O así: “Con los juicios que sólo Tú conoces, Señor, ten piedad de mí”. Y Él, por Su misericordia, se apiadará de nosotros y nos salvará, con Su Gracia.

(Traducido de: Starețul Iosif, Ne vorbesc părinții de la Optina, Editura Egumenița, p. 137)

 

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