Palabras de espiritualidad

“No me siento preparado para confesarme…”

    • Foto: Oana Nechifor

      Foto: Oana Nechifor

Cuando somos capaces de ver nuestras heridas, nos hacemos humildes y, querámoslo o no, nos arrepentimos y recibimos la misericordia de Dios.

«Creo haberte citado un texto de Pedro Damasceno, sobre el hombre que ha crecido mucho en las virtudes y en las privaciones: casi inmediatamente, este empieza a ver que sus pecados son tantos como la arena del mar. San Pedro dice que este es el comienzo de la iluminación del alma y una legítima señal de que esta empieza la recobrar la salud perdida. Entonces, humillada y contrita, el alma empieza a reconocerse la peor de todas, pero esto no la aturde, porque la humildad también sosiega.

Tampoco tú tienes que turbarte al ver que no consigues prepararte como quisieras para la confesión; tranquilízate y mantente humilde. Dices que te entristece ver que tienes un alma muy mala. Atención: lo que te escribí antes te demuestra que, cuando somos capaces de ver nuestras heridas, nos hacemos humildes y, querámoslo o no, nos arrepentimos y recibimos la misericordia de Dios. Si creyeras que tu corazón es bueno, ese falso consuelo terminaría engañando a tus ojos interiores y, basándote en esa aparente integridad espiritual, fácilmente caerías en la soberbia, que ciega los ojos del alma. ¡Dios te libre de algo así! Se necesita luchar mucho, porque solo así nos podemos conocer a nosotros mismos, solo así conocemos nuestras fuerzas y adquirimos la experiencia que tanto necesitamos».

(Traducido de: Sfântul Macarie de la OptinaSfaturi pentru mireni, Editura Sophia, București, 2011, p. 19)