¿“Ojos que no se ven, se olvidan”?

 

Hay personas a las que reconoces inmediatamente después de verlas a los ojos. Inmediatamente te acuerdas quiénes son, en dónde las conociste...

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

¿Qué podría decirnos de las amistades “a distancia”? ¿Es cierto que “ojos que no se ven, se olvidan”?

Depende. Depende de esos ojos. Yo he olvidado muchísimos nombres, pero los ojos no los olvido. Hay personas a las que reconoces inmediatamente después de verlas a los ojos. Inmediatamente te acuerdas quiénes son, en dónde las conociste...

¿Amistades “a distancia”? Para responder la pregunta, les contaré un cuento, una fábula.

Se trata de un hombre que murió al mismo tiempo que su perro y que, naturalmente, partió hacia el Cielo. Al llegar, llamó la puerta. Alguien muy amable le abrió. Entonces, nuestro hombre le preguntó:

—¿Tiene un vaso de agua?

—Claro. ¡Mire, ahí está la fuente!

—¿Puedo entrar con mi amigo... este perro?

—No, no. ¡No se puede entrar al Paraíso con perros!

Y el hombre, apesadumbrado, respondió:

—No sería capaz de separarme de él... ¡Cuántos años me sirvió, cuánto me amó...! ¡Si hasta murió conmigo! ¡Lo siento, creo que es mejor que me vaya!

Y se puso a caminar y caminar. Finalmente encontró una puerta vieja, abandonada, en un sitio completamente desierto. Lo extraño es que aquella puerta no tenía ninguna cerca o pared ni la derecha ni a la izquierda. Entonces vio que había alguien leyendo algo frente a la puerta.

—¡Buenos días!

—¡Buenos días!

—¿Tiene un vaso de agua?

—-Sí. ¡Ahí está la fuente!

—¿Puedo entrar con mi amigo, el perro?

—¡Por supuesto que sí!

—¿Pero... en dónde estoy?

—Aquí es el Paraíso.

—¡¿Qué, el Paraíso?!

—¡Sí, como lo oye!

—Y allí, en donde acabo de estar, ¿qué lugar era?

—Ah, ese era el infierno.

—Perdóneme, ¿pero para qué lo pusieron antes que ustedes? ¡La gente podría confundirse y terminar entrando en ese lugar!

—Lo pusimos antes, con un propósito: ¡Ahí entran todos los que abandonan a sus amigos!

(Traducido de: Monahia Siluana Vlad, Deschide cerul cu lucrul mărunt, Editura Doxologia, 2013, p. 39)