¿Por qué no puedes ser humilde?

 

Cristo, el Hijo de Dios, tu Señor, se hizo humilde por ti... Y tú, un siervo, ¿te atreves a envanecerte?

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Mientras más conozcamos e invoquemos a Cristo, más conoceremos nuestra propia miseria y pobreza, volviéndonos humildes. Cristo, el Hijo de Dios, tu Señor, se hizo humilde por ti... Y tú, un siervo, ¿te atreves a envanecerte? Fue por ti que tu Señor asumió el aspecto de un siervo... Y tú, que sí eres uno, ¿buscas solamente la forma de mandar? Tu Señor soportó toda clase de deshonras, por ti... Y tú, un siervo, ¿te jactas de los elogios que te ofrecen los demás? Tu Señor no tuvo en dónde recostar la cabeza, ¿mientras tú, un siervo, te construyes mansiones suntuosas? Tu Señor lavó los pies de Sus discípulos, ¿y a ti te da vergüenza servir a tus hermanos? Tu Señor soportó toda clase de difamaciones, insultos, improperios y escupitajos, ¿y tú no puedes soportar una sola palabra dirigida en tu contra? Él sufrió siendo inocente, por amor, y tú, que eres culpable, ¿no puedes sufrir nada por ti mismo? ¿No te han hecho digno de ello tus mismos pecados? El Señor oró por quienes le crucificaban: “¡Padre, perdónalos...! (Lucas 23, 34), y tú, un siervo, ¿te enfadas con quienes te ofenden y buscas cómo vengarte de ellos? ¿Pero quién eres tú, que tus oídos no son capaces de aguantar una simple palabra ofensiva? Eres una criatura pobre, débil, vacía, pecadora, perdida, sometida a toda clase de pesares, acechada por todos los infortunios, hierba, sombra, vapor que dura un instante y luego se disipa. Por eso, mejor preocúpate, no sea que Cristo, tu Señor, se avergüence de ti, si te avergüenzas de Su humildad y mansedumbre, porque Él dice: “Quien se avergüence de Mí y de Mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de Su Padre (Marcos 8, 38). ¿Quién es ese que se avergüenza de Cristo y de Sus palabras? El hombre que no busca Su humildad, mansedumbre y paciencia, sino que, con orgullo, anhela reinar con este mundo.

(Traducido de: Sfântul Tihon din Zadonsk, Despre păcate, Editura Sophia, p. 241-242)