¿Por qué nos cuesta tanto pedir perdón?

 

Hay una condición fundamental para crecer espiritualmente: el amor a los enemigos.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Una vez, el stárets tuvo que enfrentar un caso muy desolador. Cierta persona venía, se “confesaba” y comulgaba cada dos semanas, después de ayunar tres días... pero mantenía una dura enemistad con algunos conocidos suyos, a quienes había dejado de hablar desde hacía ya varios años. Cuando el stárets se enteró de esto, llamó a aquella persona y le pidió que se reconciliara con sus “enemigos”, aunque no consiguió hacerle cambiar de actitud. Entonces, el stárets se vio forzado a actuar con severidad. Así, le explicó que si antes de comulgar no resolvía sus diferencias con esas personas, se iría directamente al infierno. Pese a esto, aquel individuo le respondió con estas terribles palabras: “¡Prefiero irme al infierno, antes que hablar con esos miserables!”.

¡Terrible, pero cierto! Preferir la eternidad en el infierno, que decir un simple “¡Perdóname!” o “¿Cómo estás?”. A qué nivel de oscuridad podemos llegar, cuando lo que nos rige es el puro formalismo; ¡no nos damos cuenta que, de hecho, estamos infringiendo el mandato divino de amar a nuestros enemigos!

El stárets les repetía a sus hijos espirituales que, para crecer espiritualmente, hay una condición fundamental: el amor a los enemigos. Igualmente, insistía en que no debemos hacernos motivo de pecado para los demás.

(Traducido de: Monahul Iosif Dionisiatul, Starețul Haralambie – Dascălul rugăciunii minții, traducere și editare de Ieroschimonah Ștefan Nuțescu, Editura Evanghelismos, București, 2005, p. 232)