¿Qué me interesa más, mis faltas o las del otro?

 

Para librarnos del Juicio, olvidémonos de las cosas de los demás y enfoquémonos en reprimir los pensamientos que nos inducen a pecar, arrepintiéndonos por todo y pidiéndonos cuentas a nosotros mismos por nuestras faltas.

Volvamos a la virtud de hablar sólo cosas edificantes, procurando cuidar cada día de nuestra vida, evitando juzgar la vida de los demás como si conociéramos con exactitud los secretos de cada quien. Al contrario, juzguemos solamente nuestros propios pecados. Sólo así podremos librarmos del fuego del infierno. Porque, así como quienes hurgan en las maldades de los demás no juzgan las que les son propias, así también quien tema observar los errores de los otros tendrá mucho cuidado en no equivocarse también. Y aquel que piense cada día en sus propias maldades, acusándose a sí mismo por ellas, tendrán un Juez indulgente el Día del Juicio. Esto lo dijo claramente Pablo: “Si nos juzgáramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados por el Señor” (I Corintios 11, 31).

Así pues, para librarnos del Juicio, olvidémonos de las cosas de los demás y enfoquémonos en reprimir los pensamientos que nos inducen a pecar, arrepintiéndonos por todo y pidiéndonos cuentas a nosotros mismos por nuestras faltas. Así haremos más ligera la carga de nuestros pecados y gozaremos de mucho perdón. Además, viviremos con mucha más alegría, para tener parte de las bondades que habrán de venir, con la Gracia y el amor por la humanidad de nuestro Señor Jesucristo, a Quien, junto al Padre y el Espíritu Santo, se debe toda honra, por los siglos de los siglos. Amén.

(Traducido de: Sfântul Ioan Gură de Aur, Cateheze maritale. Omilii la căsătorie, traducere din limba greacă veche de Părintele Marcel Hancheş, Editura Oastea Domnului, Sibiu, 2004, p. 84)