Que tu oración no se detenga

 

Cuando puedas, arrodíllate. Y si no puedes hacerlo, ora con tu mente, pero todo el tiempo: por la mañana, por la tarde y en la noche.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Qué maravilloso es que los hombres oren siempre y no pierdan la esperanza, como dice el Señor (Lucas 18, 1). También lo dice el Apóstol: “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5, 18), es decir, de día y de noche, y en todo momento.

Hazlo no sólo cuando entres en la iglesia, sino también a cada instante, aunque trabajes, duermas, camines, comas, bebas o simplemente descanses. Nunca dejes de orar.

No esperes a que sea domingo o alguna festividad; tampoco busques algún sitio especial. Al contrario, como dijera el profeta David, ora “en todo sitio de Su heredad” (Salmos 102, 22). Por eso, sea que estés en tu casa, en el campo, cuidando a tus ovejas, o haciendo cualquier otra cosa, no dejes de orar. Y, cuando puedas, arrodíllate. Y si no puedes hacerlo, ora con tu mente, pero todo el tiempo: por la mañana, por la tarde y en la noche.

(Traducido de: Despre rugăciune și trezvie în învățăturile Sfinților Părinți, p. 150)