Palabras de espiritualidad

¿A quién ama Dios?

    • Foto: Oana Nechifor

      Foto: Oana Nechifor

Translation and adaptation:

Ninguno quiso salir. Al llegar a la celda de Marcos, el anciano llamó a la puerta, y empezó a decir: “Marcos…”

Se dice que el abbá Siluano tenía un discípulo llamado Marcos, quien, entre otras virtudes, era muy diligente en la obediencia, además de tener una caligrafía muy bella. El anciano lo amaba especialmente por su docilidad y su sencillez. Sin embargo, los otros once discípulos del abbá Siluano le tenían cierta ojeriza, precisamente por ser el más cercano a su mentor espiritual. Los ancianos del monasterio se enteraron de esta situación y se entristecieron mucho. Un día, vinieron a buscar al abbá Siluano y le pidieron que llamara a todos sus discípulos. El abbá, entonces, empezó a llamar a la puerta de cada uno de sus ellos:

—¡Sal, hermano! ¡Necesito que vengas a hacer algo!

Pero ninguno quiso salir. Al llegar a la celda de Marcos, el anciano llamó a la puerta, y empezó a decir:

—Marcos…

Con solo escuchar su nombre, el virtuoso monje corrió a abrir la puerta. Agradecido, el abbá lo envió a resolver unos asuntos. Después, dirigiéndose a los ancianos que estaban de visita, les dijo:

—¿Han visto, padres? ¿En dónde están mis demás discípulos?

Entonces, el abbá entró a la celda de Marcos y tomó en sus manos el cuaderno que este había dejado abierto sobre la mesa. ¿Qué fue lo que vio? Que, al escuchar el llamado de su padre espiritual, el padre Marcos había dejado la pluma sobre la mesa, sin terminar la letra “o” que en ese momento estaba escribiendo. Los otros ancianos, que también habían entrado a la celda de Marcos, dijeron:

—Ciertamente, abbá, no solamente tú amas a este monje, sino que también nosotros lo amamos, y también lo ama Dios.

(Traducido de: Patericul, ediția a IV-a rev., Editura Reîntregirea, Alba-Iulia, 2004, p. 157)