Reconfigurando la dirección de nuestra enemistad

 

En vez de dirigir nuestra animadversión hacia los demás, dirijámosla a esos aspectos de nosotros por cuyo medio se hace visible, arrojándolos lejos.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Hay dos cosas que atraen hacia nosotros la dura y consternante ira de Dios: la enemistad para con los demás y el deseo de placeres, aunque la primera es mucho más amplia. Esforcémonos en entenderla y eliminarla cuando se haga notar en nosotros, sin tan siquiera pensarlo dos veces. Así, en vez de dirigir nuestra animadversión hacia los demás, dirijámosla a esos aspectos de nosotros por cuyo medio se hace visible, arrojándolos lejos. ¿Han escuchado aquellas palabras del Apóstol, “nuestro corazón se ha abierto de par en par” (II Corintios 6, 11)? Así las cosas, abramos todos nuestro corazón, para recibir lo que buscamos y anhelamos.

(Traducido de: Sf. Teofan Zăvorâtul, Sfaturi înțelepte, Editura Egumenița, p. 353)

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