Palabras de espiritualidad

¿Se nos olvida agradecerle a Dios por todo lo que nos da?

    • Foto: Oana Nechifor

      Foto: Oana Nechifor

Aunque cada uno de nosotros tuviera mil bocas, no seríamos capaces de glorificarlo como es debido y agradecerle por todos Sus dones.

Cada persona que hay en este mundo, cada uno de nosotros, es, en mayor o menor medida, un desagradecido. Dios nos alimenta, nos viste, nos protege, nos ha dado un ángel custodio. Él nos nutre con Sus Santísimos Misterios, con Su Cuerpo y Su Sangre; además, ha preparado un gran Reino para nosotros, se reconcilia con nosotros cuando tomamos un camino incorrecto y nos bendice cuando nos arrepentimos.

Pero nosotros somos injustos y blasfemamos contra Él, lo engañamos, lo despreciamos... Y, con todo, Dios sigue siendo misericordioso y tolerante. Sigue esperando que volvamos a Él. Pero, como si Él nos debiera algo, nunca pensamos en el temor de Dios, en el respeto o la fe que le debemos cuando nos acordamos de Su presencia. Se nos olvida que tendríamos que inclinar la cabeza, en señal de adoración y obediencia a nuestro Dios, tan admirable, inefable, insondable, infinito y dulcísimo. Aunque cada uno de nosotros tuviera mil bocas, no seríamos capaces de glorificarlo como es debido y agradecerle por todos Sus dones. Por eso, el Santo Apóstol Pablo, después alcanzar sublimes estados espirituales, pronunció aquellas inmortales palabras: “¡Qué profunda es la riqueza, la sabiduría y la ciencia de Dios! ¿Cómo indagar Sus decisiones o reconocer Sus caminos? ¿Quién entró jamás en los pensamientos del Señor? ¿A quién llamó para que fuera Su consejero?” (Romanos 11, 33-34).

(Traducido de: Comori duhovnicești din Sfântul Munte Athos – Culese din scrisorile și omiliile Avvei Efrem, Editura Bunavestire, 2001, p. 368)