Una forma de alcanzar rápidamente la salvación

 

Sé obediente y austero, no condenes a los demás, cuida tu mente y tu corazón de los malos pensamientos y piensa que todos los hombres son buenos y que Dios los ama.

He aquí un camino muy corto a la salvación:

Sé obediente y austero, no condenes a los demás, cuida tu mente y tu corazón de los malos pensamientos y piensa que todos los hombres son buenos y que Dios los ama. Por esta humildad, la Gracia de Dios vendrá a vivir en ti, y dirás: “¡El Señor es Misericordioso!”.

Pero si juzgas a los demás, si murmuras en contra de todos y te gusta hacer solamente tu voluntad, aunque ores mucho, tu alma se irá empobreciendo y terminarás diciendo: “¡El Señor me ha olvidado!”. Pero no es que Él te haya olvidado, es que tú has olvidado hacerte humilde, y por eso la Gracia de Dios ya no mora en tu alma. Ciertamente, la Gracia viene con rapidez al alma humilde y le da la paz y el descanso de Dios. La Madre del Señor fue más humilde que todos, por eso la enaltecen cielos y tierra. Por eso, quien se haga humilde será enaltecido por Dios y verá Su gloria.

(Traducido de: Cuviosul Siluan Athonitul, Între iadul deznădejdii și iadul smereniei, Editura Deisis, Sibiu, 2000, p. 91)