El sosiego necesario para poder orar bien

 

Los Padres de la Iglesia Ortodoxa nos enseñan que es posible orar bien, solamente cuando aprendemos a trabajar en paz y a mantener nuestro corazón en sosiego. Así, cuando hagamos algo, hagámoslo en paz, sin apremio y con serenidad.

Los Padres de la Iglesia Ortodoxa nos enseñan que es posible orar bien, solamente cuando aprendemos a trabajar en paz y a mantener nuestro corazón en sosiego. Así, cuando hagamos algo, hagámoslo en paz, sin apremio y con serenidad, y que todo nuestro empeño en esta vida busque cómo reconciliar nuestro corazón e impedir que se perturbe. Alcanzando esta paz, podremos hacer todo lo demás en calma, con mansedumbre, siguiendo lo que nos dice la Santa Escritura: “Haz, hijo, tus obras con dulzura (Eclesiástico 3, 17); sólo así nos haremos merecedores de la felicidad de los dóciles, porque ellos “heredarán la tierra” (Mateo 5, 4 )

San Nicodemo el Hagiorita, un gran maestro del sosiego y de la oración silenciosa, nos enseña que necesitamos la paz del alma, diciendo: “En primer lugar, hermano, debes tener paz y recato en tus cinco sentidos. No mires, no escuches, no muevas tus manos ni camines con inquietud; sé apacible y juicioso. Cuando te acostumbres a conservar esa paz en tus movimientos exteriores, fácilmente y sin esfuerzo conseguirás tranquilizar y moderar los de tu interior, porque, de acuerdo a los Santos Padres, el hombre interior se configura con el del exterior”. (La guerra invisible, cap 4). (...)

Quien quiera mantener la paz en su corazón, necesitará practicar estos cuatro aspectos: en primer lugar, debe esforzarse en hacer más la voluntad de los demás que la suya propia; debe, además, optar por poseer cada vez menos de las cosas de este mundo, en vez de acumularlas; debe también buscar ocupar siempre el último lugar de todos y someterse a los demás; finalmente, debe orar para que la voluntad de Dios se cumpla perfectamente en su vida. Haciendo esto, estará siguiendo el camino de la paz y del sosiego, que habrán de otorgarle la verdadera libertad.

(Traducido de: Arhimandrit Cleopa Ilie, Urcuş spre înviere, Editura Mitropoliei Moldovei şi Bucovinei, 2007, p. 213-215)