La sabiduría no radica en tener una sola virtud, sino en unirlas todas

 

¿Quién se apiadará del alma? ¿Quién le ofrecerá un rayo de luz? Dios, pero sólo a los misericordiosos. Porque está dicho: “Dichosos los misericordisoso, porque obtendrán misericordia”.

«Cinco vírgenes prudentes y cinco insensatas. Es decir, cinco almas prudentes y cinco insensatas. Las prudentes tenían lámparas limpias y aceite, en tanto que las insensatas, solamente lámparas limpias.

Las lámparas simbolizan, en primer lugar, sus cuerpos, y el aceite (óleo), la piedad. “Piedad” se dice en griego “eleos” (έλεος). De ahí también la palabra “polieleos”, es decir, “mucha piedad”. El polieleos (en este caso, utilizando el término para denominar al candelabro) se enciende durante los Maitines, cuando se cantan los salmos referentes a la misericordia de Dios para con el pueblo elegido, con la frase: “¡Porque Su misericordia es eterna, aleluya!”,

Las vírgenes prudentes tenían, así, un cuerpo puro y una mente pura, pero también tenían una gran piedad, una gran compasión por esas que eran más débiles que ellas, quienes aún no se habían librado del pecado.

Las vírgenes insensatas respetaban con severidad su castidad física, pero miraban con disprecio y sin compasión a las que eran más débiles que ellas, juzgándolas con altivez y rechazándolas con desdén. “Con razón son llamadas pecadoras”, dice San Nilo el Sinaíta, “porque avanzando en algo tan difícil y casi imposible de practicar, como lo es la castidad, dejaron pasar lo que era ínfimo y sencillo”. ¡Soslayaron la misericordia, la compasión, el perdón! ¡Eran como lámparas limpias, pero vacías y oscuras! Cuando viene la muerte y el cuerpo es sepultado bajo tierra, y el alma toma el camino haca su patria eterna, el aceite de la piedad es el que debe iluminarla y guiarla. Quien carezca de este aceite, será engullido por la oscuridad. ¡Es como un viajero a través de las tinibelas más profundas! ¿Cómo avanzar en un camino tan difícil? Es entonces cuando al alma le inundan el terror y el estremecimiento, porque todo lo que hay a su alrededor son como apariciones y sombras. Es como una pesadilla que no termina. ¿Quién se apiadará de ella? ¿Quién le ofrecerá un rayo de luz? Dios, pero sólo a los misericordiosos. Porque está dicho: “Dichosos los misericordisoso, porque obtendrán misericordia”.

Dios se apiadará de quienes se hayan apiadado de los demás. ¿No es esto cierto y reconfortante? ¿Pero acaso no es también algo terrible para los despiadados?

Recuerdo que en mi calle vivía una anciana que nunca se casó. Todo el mundo sabía que era una mujer que había guardado su virginidad toda la vida. Hasta aquí todo bien y todo digno de encomio... Sin embargo, día tras día, aquella señora arrojaba con su lengua dardos venenosos en contra de quienes eligen el camino del matrimonio “para pecar”. Desde el amanecer y hasta el ocaso se envanecía de su virginidad y “ensuciaba” a quienes le parecían más “sucios” que ella. Un sacerdote me dijo, al respecto: “¿Quieres conocer a una de las vírgenes insensatas de la parábola? ¡Mírala, ahí la tienes!”. Y, en verdad, la necedad parece aún peor cuando la persona tiene una sola virtud, careciendo de todas las demás. Tal como al viajero nocturno la oscuridad le parece más densa cuando ve una luz y luego mira a su diestra y siniestra. La sabiduría no radica en tener una sola virtud, sino en unirlas todas. Como dijo el justo: “La Sabiduría ha edificado una casa, ha labrado sus siete columnas” (Proverbios 9, 1). Verdaderamente sabia es el alma que tiene al menos las siete virtudes principales.

Esta parábola tiene también un significado espiritual muy profundo. Por las cinco vírgenes insensatas debemos entender los cinco sentidos irracionales. Quien vive solamente por medio de lo que ve y oye, sin ningún control interior de la razón, es que tiene un alma insensata. Cuando la muerte le corre la cortina de este mundo sensible, dicha alma se queda en la oscuridad más profunda. Por su parte, las cinco vírgenes juiciosas representan los cinco sentidos interiores, que controlan racionalmente los exteriores y los dominan. Estos sentidos interiores juntan, durante toda nuestra vida, toda la luz que pueden, misma que permanece en el alma y la alumbra cuando la muerte corre la cortina sobre los sentidos exteriores. Pero ¿podrás entender todo esto a tu edad? Con el tiempo, quizás. ¡Que tengas paz y que Dios te conceda salud!».

(Traducido de: Episcop Nicolae Velimirovici, Răspunsuri la întrebări ale lumii de astăzi, volumul I, Editura Sophia, Bucureşti, 2002, pp. 106-108)