¿Por qué es tan importante volvernos simples?

 

Quien busque la simplicidad y desee conquistarla, que empiece a desenraizar de su interior, con diligencia y valor, el maldito egoísmo y la maleza del interés personal y el amor propio.

Es muy importante que alguien hable de esta virtud o, mejor dicho, de esta imagen divina, de la cual, sólo aquellos que la han alcanzado y la experimentan pueden decir algo. ¡Oh, bendita simplicidad, atavío y cuerpo de la pureza y la perfección, morada agradable para Dios!

Sobre esta virtud habló mucho nuestro Señor, buscándola entre los hombres; sin embargo, no la encontró sino en los niños, tan limpios de maldad, tan simples. Y, por otra parte, nos estremeció al decirnos que si no la alcanzamos en esta vida, no seremos aceptados en Su Reino. Todas las características del amor, tal como las describe el Apóstol Pablo, están llenas de simplicididad. También el hombre, antes de caer, la tuvo como un fermento en su existencia; por esto es que carecía de la malicia, el interés personal, el oportunismo, la arrogancia, la animadversión y la maldición del egoísmo.

Quien busque la simplicidad y desee conquistarla, que empiece a desenraizar de su interior, con diligencia y valor, el maldito egoísmo y la maleza del interés personal y el amor propio, la oscuridad de la hipocresía y todo lo que depende de ella, abrazando totalmente la fe en Dios. Y Él, a Su vez, nos cuidará y nos fortalecerá, otorgándonos, ciertamente, la fuerza para vencer la hipocresía, la falsedad, el formalismo y todas las demás y desastrosas maldades que nos acechan diariamente.

(Traducido de: Gheronda Iosif Vatopedinul, Dialoguri la Athos, Editura Doxologia, p. 102-103)