¿Por qué los humanos no podemos vivir en armonía?

 

Nos avergonzaremos por no ser capaces de amar y por hacer todo lo posible por no ayudar a los otros con sus cargas,

Siendo descendientes del mismo padre, los hombres deberíamos vivir en amor recíproco, cuidándonos los unos a los otros. Así, no tendría por qué separarnos el egoísmo, el orgullo, la maldad, la envidia, la avaricia o la marginación, para que todos seamos uno (Juan 17, 22).

Observemos a las hormigas: veamos cómo viven en “amistad”. O a las abejas, las palomas, los gansos, los cisnes u otras aves; busquemos un rebaño de ovejas o vacas, y constataremos lo mismo: un vínculo que se manifiesta recíprocamente.

Pensemos en los enormes bancos de peces en ríos y mares, a los que le gusta avanzar en inmensas colonias: qué relación tan estrecha hay entre ellos. Veamos la forma en que se defienden y se ayudan mutuamente, y nos avergonzaremos por no ser capaces de amar y por hacer todo lo posible por no ayudar a los otros con sus cargas (Gálatas 6, 2).

(Traducido de: Sfântul Ioan din Kronstadt, Viaţa mea în Hristos, Editura Sophia, Bucureşti, 2005, p. 149)