Palabras de espiritualidad

Nuestra barca salvadora

  • Foto: Silviu Cluci

    Foto: Silviu Cluci

Así como el arca, en medio de la inmensidad de las aguas, salvó a quienes estaban dentro de ella, así también la Iglesia salva a todos los extraviados que entran, permanecen y perseveran en ella con cuerpo y alma.

Tal como el arca de Noé lo salvó a él y a su familia de perecer ahogados en la inmensidad de las aguas del diluvio universal, de igual manera la Iglesia libra del océano de los pecados a quienes vivimos, permanecemos y perseveramos en ella, guiando nuestros pensamientos, palabras, obras, fe y modo de vida según sus enseñanzas. Quienes permanecen fuera de la Iglesia se hunden y se pierden, de forma semejante al mundo que quedó fuera del arca de Noé.

Esto mismo lo confirma San Juan Crisóstomo, cuando dice: “Lo hecho fue la imagen (o representación) de aquello que habría de cumplirse”.

Por ejemplo: el arca de Noé era figura de la Iglesia de Cristo; la paloma, del Espíritu Santo; y la rama de olivo, de la misericordia de Dios. Aquello era figura; esto, en cambio, es realidad. Porque así como el arca, en medio de la inmensidad de las aguas, salvó a quienes estaban dentro de ella, así también la Iglesia salva a todos los extraviados que entran, permanecen y perseveran en ella con cuerpo y alma

(Traducido de: Protosinghelul Nicodim Măndiță, Cum să ne purtăm în Sfânta Biserică, Editura Agapis, 2005, p. 10)