De cómo Dios nos da según nuestro amor al prójimo
A quienes desean la salvación para todos, Dios les concede lo que les es de provecho; pero quienes desean el mal, terminan encontrando el mal que buscaron.
La primera cosa que hago cuando voy a mi celda es pedir perdón a aquellos con quienes he compartido labores de obediencia. Tenga o no tenga algo contra alguien, digo: “Denme su bendición y perdónenme a mí, pecador; quizá los haya ofendido en algo”. Y ellos responden: “Que Dios te perdone”. Así, cuando entro en mi celda, procuro no tener nada contra nadie, y ese es mi verdadero provecho.
Yo siempre consideré un santo al stárets del monasterio. Y cuando ya no pude verlo de esa manera, me postré y lo perdí todo. Porque está dicho: “Que el Señor te conceda según lo que hay en tu corazón”. Mientras yo los consideraba santos, experimentaba la alegría del Espíritu Santo. Dios me concede según la manera en que yo los percibo.
A quienes desean la salvación para todos, Dios les concede lo que les es de provecho; pero quienes desean el mal, terminan encontrando el mal que buscaron.
(Traducido de: Părintele Proclu Nicău, Lupta pentru smerenie și pocăință, Editura Agaton, Făgăraș, 2010, p. 15)
