De cómo el maligno nos tienta con lo material

 

El maligno sigue tentando a los hombres con la riqueza del mundo, prometiéndoles todo si le sirven, y son muchos los que se dejan engañar, olvidándose de Dios.

En la Santa Escritura (Mateo 4, 1-10) dice: “Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, al final tuvo hambre”. El demonio, creyendo que (Jesús) era un hombre como los demás, quiso tentarlo, diciéndole: Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. Su intención era tentarlo con la necesidad del vientre, después de 40 días de ayuno. Pero Jesús le respondió, apartando la tentación: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Posteriormente, el maligno lo llevó a lo alto de una montaña y le enseñó todos los reinos del mundo y su esplendor. Lo quería tentar por medio de la belleza del mundo y la gloria del poder político y econónico, para que Jesús pusiera la materia del mundo en un lugar más alto que el amor a Dios. Y le dijo: “Todo esto te daré si te pones de rodillas y me adoras”. Pero, rechazando la tentación, Jesús le respondió: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás”. También con esto lo venció.

Sin embargo, ¿cuántos no son arrastrados al fondo del infierno por su amor a lo material y las riquezas? Porque el maligno sigue tentando a los hombres con la riqueza del mundo, prometiéndoles todo si le sirven, y son muchos los que se dejan engañar, olvidándose de Dios. Aún más: no solo no ven la tentación, sino que también ignoran la mentira del demonio, porque este miente cuando les dice que les dará todo, como si fuera suyo, a sabiendas de nada de eso es suyo, mucho menos del hombre. Han sido muchísimos los que, habiendo acumulado grandes riquezas en vida, han tenido que dejar todo eso al morir. Así pues, se dejan engañar aquellos que le creen al maligno, cuando este les dice que son propietarios de algo, para finalmente darse cuenta de que no han sido más que simples administradores temporales de esas cosas, simples inquilinos que están de paso, engañados y perdidos.

(Traducido de: Părintele Arsenie Boca, Lupta duhovniceasca cu lumea, trupul și diavolul, ediție revizuită, Editura Agaton, Făgăraș, 2009, pp. 32-33)