De los elogios y las reprimendas
Cuando alguien alaba al que obra bien o reprende al que hace el mal, pero en secreto, es decir, estando solo ellos dos, es algo propio de un amigo fiel y amado.
También yo amo a quien me ama; y cuando me reprende e incluso cuando me injuria para corregir un error, me parece que me ama más todavía. Pues quien alaba a su amigo, sin importar si hace el bien o el mal, no es un amigo verdadero, sino un falso, un hipócrita.
Y cuando alguien alaba al que obra bien o reprende al que hace el mal, pero en secreto, es decir, estando solo ellos dos, es algo propio de un amigo fiel y amado. Y si algún enemigo me elogia, ni siquiera acepto su encomio; pero al amigo que me corrige, lo amo, y preciosas me son sus heridas, como dice la palabra sapiencial: “Más fieles son las heridas del amigo que el beso voluntario del enemigo”. Porque el enemigo, ya sea con razón o sin ella, cuando afrenta y reprende a un hombre, no lo hace para su provecho, sino para avergonzarlo.
(Traducido de: Sfântul Ioan Gură de Aur, Mărgăritarele Sfântului Ioan Gură de Aur, traducere din limba chirilică de diacon Gheorghe Babuţ, Editura Pelerinul Român, Oradea, 1994, p. 62)
