Palabras de espiritualidad

Del sufrimiento redentor

  • Foto: Magda Buftea

    Foto: Magda Buftea

El Señor no nos envía toda clase de sufrimientos para nuestra perdición, sino para purificarnos de todas nuestras pasiones, vicios y pecados, y hacernos herederos de su Reino eterno y bienaventurado.

Ha habido, hay y seguirá habiendo personas que sufren durante toda su vida, como Lázaro, sin un rayo de luz ni alegría alguna. Dios no le concedió a Lázaro la alegría de ser sanado. También fue abandonado por los hombres, sin recibir ayuda alguna, para que apurara hasta el fondo el cáliz de sus sufrimientos. Solo los perros se acercaban a lamerle las heridas. ¡Pero veamos con qué gozo inefable llegó a su fin aquella amarga vida de sufrimiento y martirio de Lázaro! Apenas había expirado cuando los ángeles ya habían llevado su alma al seno de Abraham, para que gozara de la felicidad eterna en el Paraíso.

Por eso, amados hermanos, no consideremos desdichados a aquellos de entre nosotros que soportan, sin recibir consuelo alguno, los sufrimientos, la pobreza y toda clase de tribulaciones. Reconozcamos siempre esta verdad inmutable de la fe cristiana: el Señor no nos envía toda clase de sufrimientos para nuestra perdición, sino para purificarnos de todas nuestras pasiones, vicios y pecados, y hacernos herederos de su Reino eterno y bienaventurado.

(Traducido de: Sfântul Ierarh Serafim Sobolev, Făcătorul de minuni din Sofia, Predici, Editura Adormirea Maicii Domnului, București, 2007, p. 157)