El amor a Dios nos transforma por completo

 

La sanación de la mente tiene lugar cuando en nosotros obran la Gracia de Dios y Su amor.

El amor de Dios por nosotros, que es el resultado de nuestra comunión con el don divino, y nuestro amor por Él, que es fruto de la acción del Espíritu Santo, transforman las pasiones en virtudes y nos sanan por completo. La mortificación de la parte viciosa del alma no significa dejarla “inmóvil en nuestro interior”, sino librarla de la compañía del mal, dirigiéndola “al amor a Dios” (San Gregorio Palamás).

Este cambio no es posible sin una vida llena del amor a Dios. Cuando el hombre “arde” de amor a Dios —un amor que es de inspiración divina—, su mundo interior se transforma, calentado y santificado por los rayos de la Gracia: “Cuando las pasiones dominan la mente, la atan a las cosas materiales y, apartándola de Dios, la conminan a concentrarse en ellas. Cuando, por el contrario, el alma es dominada por el amor a Dios, (este amor) la libra de sus ataduras, llevándola a despreciar no solamente las cosas que conciernen a los sentidos, sino también nuestra misma vida pasajera” (San Máximo).

Todo esto nos demuestra que la sanación de la mente tiene lugar cuando en nosotros obran la Gracia de Dios y Su amor. La Gracia de Dios nos es dada por medio de los sacramentos de la Iglesia: la Santa Eucaristía, que es la Comunión con el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, constituye el verdadero soporte en nuestros esfuerzos por purificarnos el alma. La Santa Eucaristía es el medicamento de la inmortalidad.

(Traducido de: Mitropolitul Hierotheos VlachosPsihoterapia ortodoxă: știința sfinților părinți, traducere de Irina Luminița Niculescu, Editura Învierea, Arhiepiscopia Timișoarei, 1998, p. 312)