El amor es el sentido de la vida, el don supremo

 

Escuchemos a Pablo, quien dice, “Frutos del Espíritu son el amor, la alegría, la paz...” (Gálatas 5, 22). Estaba atento a la exactitud de sus palabras y el orden de sus enseñanzas. Ponía en primer lugar el amor y luego recordaba lo demás. El amor es más grande que cualquier poder y riqueza, es más importante que cualquier autoridad, incluso que la propia luz.

El amor es la raíz, la fuente y la madre de todas las bondades. Porque, ciertamente, como raíz hace que broten incontables retoños de virtud, como fuente mana muchísima agua y como madre comprende en sus brazos a todos los que se acercan a él. Sabiendo esto, Pablo nombró al amor “fruto del Espíritu Santo”.

Escuchemos a Pablo, quien dice, “Frutos del Espíritu son el amor, la alegría, la paz...” (Gálatas 5, 22). Estaba atento a la exactitud de sus palabras y el orden de sus enseñanzas. Ponía en primer lugar el amor y luego recordaba lo demás. Primero sembró el árbol y después señaló el fruto. Primero puso el cimiento, para luego empezar a construir el resto. Comenzó con el manantial, para llegar al río (de la Homilía II sobre el Descenso del Espíritu Santo).

¡Cuánto se multiplica el amor! Por eso es tan maravilloso, porque se da a unos como si diera a miles. ¿Por qué no obtenemos este poder y no nos ponemos a salvo en nuestra propia persona? El amor es más importante que cualquier poder y riqueza, es más importante que cualquier autoridad, incluso que a propia luz: esta es su razón de ser. ¿Hasta cuándo limitaremos el amor a uno o a dos? (de la Homilía LXXVIII sobre el Evangelio según San Juan).

El amor es la comunión de los hombres de Dios. (de la Homilía III sobre el Apóstol Pablo)

(Sfântul Ioan Gură de Aur, Texte alese, volumul I, traducere de Preot Ioan Andrei Târlescu, ediție îngrijită de Ieromonah Porfirie Nichita, Editura Bunavestire, Bacău, 2012, pp. 31-32)