El amor se multiplica cuando lo damos a los demás

 

Recibirás amor en la misma medida en que sepas darlo. Si no das amor, no recibirás amor.

El amor, para que pueda multiplicarse, tiene que ser compartido. Sin embargo, aquel que no da ni el poco amor que tiene, se parece a un hombre que tiene un puñado de semillas, pero prefiere mantenerlas en un frasco, sin arrojarlas a la tierra. Es el siervo malvado, aquel que escondió su talento.

Recibirás amor en la misma medida en que sepas darlo. Si no das amor, no recibirás amor. Miremos el ejemplo de la madre: todo el tiempo llena de amor a sus hijos, y estos se lo devuelven constantemente. Es un amor que no deja de crecer. Por eso, si nos dedicamos a esperar a que sean los demás quienes nos amen, o si hacemos el bien porque esperamos una retribución, es que no tenemos un amor apreciable, sino uno “barato”. Con esto, nos alejamos de Dios y no recibimos amor ni de Dios, ni de nuestros semejantes.

(Traducido de: Cuviosul Paisie AghioritulCuvinte duhovnicești, Vol. V Patimi și virtuți, Editura Evanghelismos, București, 2007, pp. 210-211)