El cristiano, un ser de la alegría

 

Hay quienes creen que este es el propósito del cristiano: llorar. ¡Que Dios ayude a los que quieran llorar! Pero, hermanos, debemos saber que esa no es la auténtica actitud de un cristiano.

La oración no debe hacerse necesariamente para llegar a la alegría, porque la alegría es algo que viene solo.

Hay quienes creen que este es el propósito del cristiano: llorar. ¡Que Dios ayude a los que quieran llorar! Pero, hermanos, debemos saber que esa no es la auténtica actitud de un cristiano. La verdadera actitud es la actitud de la alegría. “Para que mi alegría esté dentro de vosotros”, dice el Señor. Y dice más, en el Evangelio según San Juan: “Vosotros os entristeceréis, pero vuestra tristeza se cambiará en alegría. La mujer cuando está de parto se siente angustiada, porque ha llegado su hora; pero cuando ya ha dado a luz al niño, no se acuerda más de la angustia, por la alegría de que ha nacido un hombre en el mundo. Así también vosotros estáis ahora tristes; pero yo os veré otra vez, y vuestro corazón se alegrará y nadie os quitará ya vuestra alegría” (Juan 16, 20-22). ¡Cuántos pensamientos que nos llenan de gozo, verdaderos fundamentos para estar alegres, que tendrían que ayudarnos a reprocharnos a nosotros mismos todas esas tristezas, esos desánimos y esos estados oscuros que alguna vez podríamos experimentar!

Cualquier alegría que viene de Dios, es una alegría que Dios Mismo te está ofreciendo.

(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Veniți de luați bucurie, Editura Teognost, Cluj-Napoca, 2001, p. 25)