El don de la juventud

 

Podemos profundizar en las Sagradas Escrituras, podemos también visitar orfelinatos y a los más afligidos en los hospitales.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Esta etapa, la de la juventud, debe ser vivida de tal manera; tenemos salud y podemos hacer fácilmente nuestras postraciones (metanie, en griego, forma de veneración. N. del T.). Podemos leer los escritos de los Santos Padres y profundizar en las Sagradas Escrituras. Se puede visitar orfelinatos y a los más afligidos en los hospitales. Podemos acercarnos a nuestro semejante con el entusiasmo de nuestra juventud y exhortarlo a que reflexione sobre su falta de fe... Puede que, no obstante, las cosas sean distintas a como piensa él y que Dios sí exista, además de hablarle de la necesidad del cristiano de asistir a la Divina Liturgia. Él, nuestro semejante, viendo nuestra juventud, nos preguntará de dónde somos, qué estudiamos.

“—Soy estudiante” —diremos.

“—¿Estudias Teología?”

“—No, estudio Física” —respondemos.

“—¿De dónde sabes tantas cosas sobre Dios?”

“—No sé muchas cosas, pero lo que sé lo he aprendido leyendo libros”.

Ustedes, a su edad, pueden cambiar el rostro del país. Sólo se trata de atreverse a hacerlo. Debemos parecernos a las vírgenes miróforas, debemos anunciar, pero no de cualquier manera, sino con tacto; debemos ser diplomáticos, para que después Dios empape felíz esa tierra, y podamos recoger sus frutos. Porque los frutos vendrán después de 20, 50, años, pero eso no nos interesa. Nosotros estamos obligados a sembrar. Puede que en 20 años esa persona se acuerde de tí, de lo que compartieron juntos, de los paseos que daban, de los trabajos en grupo y de que alguna vez le hablaste algo sobre Dios. Y, entonces, cuando al límite de sus fuerzas tenga ya anudada una soga al cuello, puede que indirectamente le venga un pensamiento... Si Dios lo ilumina en ese momento y empieza a acordarse de tí, renunciando a su acción, debes saber que, salvándolo de lo que estaba a punto de hacer, ¡te has ganado tu propia salvación! Porque no necesitas más que lograr que una sola persona vuelva, para poder salvarte: “Se te perdonarán muchos pecados” (Santiago 5, 20), dice Santiago, si logras que uno se salve. Luego, esa persona necesita en este momento renunciar a lo que pueda hacer, por medio de la labor que hagamos en nuestro entorno. Y cuántos volverán, no sé, pero sí sé que debemos ser persistentes. Puede que reaccionen de una u otra manera, y sólo uno capte el sentido de esto. ¡Esto es la juventud! ¡Esto es el joven! ¡Esta es la mujer! ¡Esta es la familia! Este es el estado en el que debemos existir, en un nivel agradable a Dios.

(Traducido de: Părintele Nicolae Tănase, Soțul ideal, soția ideală, Editura Anastasis, Sibiu, 2011, pp. 181-182)

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