El ejemplo de humildad de San Demetrio el Nuevo

 

Claramente se nos exhorta a imitar a Cristo, porque Él se humilló de una forma inefable. Y se sigue humillando. El que se haga humilde, será semejante a Él.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

¿Las palabras del Señor, ‟Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”, se refieren a la humildad?

—¡Precisamente de eso se trata! ¡Bienaventurados los humildes! Claramente se nos exhorta a imitar a Cristo, porque Él se humilló de una forma inefable. Y se sigue humillando. El que se haga humilde, será semejante a Él. ¡Bienaventurado! Siendo humilde, se centrará en la forma de avanzar hacia la vida eterna, siendo humillado por todos los demás. ¿Sabían que estos son los valores más grandes, en el monasterio y en el mundo? Los hombres que llevan una vida retraída, espiritual, suelen ser simples, pobres.

San Demetrio Basarabov, patrono de Bucarest, fue un sencillo pastor búlgaro. A falta de zapatos, se envolvía los pies con unos trapos. Los niños del lugar se reían al verlo pasar. Un día, mientras iba por una ladera con sus vacas, sin querer, pisó un nido que había caído de un árbol. Con profunda tristeza comprobó que habían muerto todas las crías. Enfadado consigo mismo por lo sucedido, se quitó los trapos del pie con que había pisado el nido, decidido a caminar descalzo como forma de castigo. ¿Qué te parece ese encendido deseo de ser un hombre de Dios? Era pobre de espíritu, ¡pero su alma era rica ante Dios!

No hace mucho leímos el Evangelio del pobre Lázaro y el rico epulón. ¡Qué bienaventuranza la de Lázaro! Sufría por Dios, pero no se quejaba. No sólo sufría, sino que no se lamentaba. Porque, a los que sufren, Dios les da el don necesario para creer, para que sean soldados de Cristo.

(Traducido de: Ne vorbește Părintele Arsenie, ed. a 2-a, vol. 1, Editura Mănăstirea Sihăstria, 2010, pp. 92-93)