El grado de pureza de corazón que cada uno debe alcanzar

 

Aunque nuestro hermano nos haga el mal, nos ofenda, se burle de nosotros o nos trate con desprecio, lo que tenemos que hacer es mantener puro nuestro corazón, como el de un niño, y así alcanzaremos la salvación.

Nuestro corazón debe volverse tan puro como el de un niño pequeño. Dijo el Señor: “Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”. Y no se refería a que tuviéramos una mente pueril y el juicio de un infante, sino a que debemos tener esa misma inocencia en el trato con nuestros semejantes. Ciertamente, aunque nuestro hermano nos haga el mal, nos ofenda, se burle de nosotros o nos trate con desprecio, lo que tenemos que hacer es mantener puro nuestro corazón, como el de un niño, y así alcanzaremos la salvación. Por el contrario, si empezamos a pretender lo que nos corresponde, dándonos golpes en el pecho y exigiendo justicia, seremos hallados culpables. Porque el Evangelio no dice que tengamos que responder al mal con el mal.

(Traducido de: Părintele Efrem AthonitulDespre credință și mântuire, tradusă de Cristian Spătărelu, Editura Bunavestire, Galați, 2003, p. 13)