El misterio del amor

 

La necesidad más importante y profunda de nuestro ser es la de dialogar, la de estar en comunión con otros, especialmente con Aquel que es el punto de apoyo absoluto.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

La necesidad más importante y profunda de nuestro ser es la de dialogar, la de estar en comunión con otros, especialmente con Aquel que es el punto de apoyo absoluto.

Luego, ¿qué es el infierno? Dostoievski lo entiende así: “el dolor de los que no pueden amar”. Yo creo que se trata también de la no infracción de su libertad. San Isaac el Sirio dice: “No creamos que el amor de Dios no llega hasta el infierno, pero el amor obra de distintas maneras”. Personalmente, yo creo que quienes más hablan del amor son precisamente los que menos lo entienden. ¡Realmente son pocos los que comprenden qué es el amor, en su naturaleza divina!

Dice San Isaac: “También en el infierno hay amor, pero el amor en quienes aman obra en el espíritu de comunión, y en quienes no aman, quema como una llama”. Hablando de esta llama del amor, hay un dicho popular que confirma las palabras de San Isaac: “La mejor venganza es cuando tu enemigo se ve forzado a reconocer que tú eres bueno y él malo”. Así, puede que a alguien le “queme” el amor de un amigo, a tal grado que le cueste soportarlo. Todo esto es parte del misterio del que estoy hablando.

Pensemos, por ejemplo, en el hermano mayor de la Parábola del Hijo Pródigo, o en el publicano de la Parábola del Publicano y el Fariseo, y veremos que eran hombres justos que también se consideraban justos, como los tres amigos de Job. En estos relatos se nos revela cómo también esta clase de personas no pudieron evitar caer, cada uno a su manera. El hermano mayor no entró en casa de su padre, el fariseo no volvió redimido del templo y, en el último caso, Job tuvo que orar por sus amigos. Y esto nos da a conocer que el sentido más recóndito del mal, centrado en su propia profundidad. Esta auto-fundación interior me arroja al universo de la separación, del aislamiento de Dios y los demás.       

(Traducido de: Părintele Constantin Galeriu, Dialoguri de seară, Editura Harisma, București, 1991, p. 112)