El privilegio de honrar a la Madre de Dios

 

Entonces, nosotros, quienes veneramos a la Madre de Dios, tenemos un privilegio. ¿Cuál privilegio? El privilegio de gozar de la misericordia de Dios, de nuestro Señor Jesucristo, dándonos Su paz.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Entonces, nosotros, quienes veneramos a la Madre de Dios, tenemos un privilegio. ¿Cuál privilegio? El privilegio de gozar de la misericordia de Dios, de nuestro Señor Jesucristo, dándonos Su paz. ¿Por qué? Porque veneramos a la Madre de Dios. ¿Y por qué veneramos a la Madre de Dios? Porque así nos lo enseña nuestra Iglesia. ¿Por qué nos enseña esto nuestra Iglesia? Porque “todos se estremecieron por tu divina grandeza”, como decimos al hablar con la Madre de Dios. Luego, no explicamos todo esto como si se tratara de un estudio: “Todos se estremecieron de la grandeza de la Madre del Señor, porque la Madre del Señor llevó en su vientre al Dios de todo y dió a luz al Hijo eterno”, sino que hablamos con la Madre del Señor, diciéndole: “Todo se estremeció por tu grandeza”.

(Traducido de: Arhimandrit Teofil Părăian, Maica Domnului, Raiul de taină al Ortodoxiei, Editura Eikon, Cluj-Napoca, 2003, p. 92)

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