El Señor nos habla por medio de nuestros confesores

 

Ya casi nadie escucha ese dulce llamado que viene de lo Alto. Pero Dios, por Su misericordia, para que no se pierda nadie por causa de sus iniquidades, les habla a los hombres por medio de Sus siervos, los sacerdotes.

El bullicio de la vida y el ruido de las preocupaciones sin sentido gritan al oído del hombre el nombre de sus necesidades terrenales, aún más fuertemente que el clamor de la voz de su conciencia recordándole sus necesidades espirituales. Y es triste constatar que la humanidad apenas escucha la voz de su conciencia, porque todo lo que ella les dice les parece estar muy, muy lejano; la sordera de los hombres no hace sino agudizarse y ya casi nadie escucha ese dulce llamado que viene de lo Alto. Pero Dios, por Su misericordia, para que no se pierda nadie por causa de sus iniquidades, les habla a los hombres por medio de Sus siervos, los sacerdotes. Por medio del sacerdote no te llama el hombre para que confíes solamente en él, sino que es Dios quien te llama, para que transformes tu forma de vida.

Los clérigos tienen el sacerdocio de Cristo: con su perdón, Dios Mismo te perdona; con su voz, es Dios quien te habla. Por medio del sacerdote, Dios te llama, por muy pecador que seas. El sacerdocio es, por la Santísima Sangre del Señor, como una nueva filiación.

El sacerdocio de la Iglesia busca que ninguno de los hijos del Padre se enemiste consigo mismo, o se aparte de la comunidad y del espíritu del amor de Cristo. Porque es Él quien une férreamente a la comunidad de cristianos. Así las cosas, nadie puede salvarse apartándose de la Iglesia, por mucho que crea que en su interior vive el Espíritu de Cristo.

(Traducido de: Părintele Arsenie Boca mare îndrumător de suflete din secolul XX, Editura Teognost, Cluj-Napoca, 2002, pp. 133-134)