Palabras de espiritualidad

En ningún momento abandonemos la oración

  • Foto: Stefan Cojocariu

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Dios, que nos envía Su Gracia, debe encontrar nuestros brazos abiertos para recibirla. Y todo lo que Él permita será para el provecho de nuestra alma.

En mi vida, el primer lugar lo ocupa la oración. No temo al infierno ni pienso en el Paraíso.

Solamente le pido a Dios que tenga misericordia de todo el mundo y de mí. Cuando pronuncio con fervor: ¡Señor Jesucristo, ten misericordia de mí!, ni siquiera cuando recibo visitas dejo de orar. Es lo mismo. Oro, recibo a todos con el Espíritu de Cristo y estoy siempre dispuesto a orar por el mundo. Me esfuerzo por amar a Cristo. Este es mi propósito. Sin embargo, más que las palabras, lo que ayuda es la oración.

Oro por sus problemas, pero eso no es suficiente. Es necesario que mi oración encuentre también una respuesta de su parte. Dios, que nos envía Su Gracia, debe encontrar nuestros brazos abiertos para recibirla. Y todo lo que Él permita será para el provecho de nuestra alma. Pero no puede ser que nosotros oremos mientras ustedes duermen.

(Traducido de: Ne vorbeşte părintele Porfirie – Viaţa şi cuvintele, Traducere din limba greacă de Ieromonah Evloghie Munteanu, Editura Egumeniţa, 2003,  p. 224)

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