¿Hacemos que el sol del amor amanezca sobre los otros?

 

Si Dios es amor, solamente en la medida en que también el hombre sea amor podrá asemejarse a Él. Si no es amor, el hombre no puede asemejarse a Dios, Quien es amor.

El amor, como mandamiento, es el más excelso de todos ellos, y como virtud, es la más sublime de todas las virtudes. El amor de Dios por el hombre hace que este último adquiera la naturaleza divina y que Él asuma, a Su vez, la naturaleza humana.

El recordado padre Arsenie Boca solía decir que ‟el amor de Dios por el más pecador de los hombres, es más grande que el amor del más grande de los santos por Dios”. Dicho de otra manera, ni el amor a Dios del más grande de los santos puede superar al amor de Dios por el pecador más grande.

En su primera Epístola, el Santo Evangelista Juan dice dos veces que Dios es Amor. Si Dios es amor, solamente en la medida en que también el hombre sea amor podrá asemejarse a Él. Si no es amor, el hombre no puede asemejarse a Dios, Quien es amor.

Nuestro Señor Jesucristo nos pide que nos amemos. Luego, si nos amáramos verdaderamente, si en verdad rebosáramos de amor para los demás, este mundo se iluminaría con la luz de nuestro amor. Nuestro Padre Celestial hace que llueva sobre justos y pecadores, y que el sol salga sobre buenos y malos. En lo que respecta a nosotros, ¿hacemos que el sol del amor amanezca sobre los otros?

(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Veniți de luați bucurie, Editura Teognost, Cluj-Napoca, 2001, pp. 71-72)